Google Glass y evolución.

Una comunicación mejor entre nuestro cerebro y su extensión

Google Glass

Todo el mundo ya ha oído a estas alturas hablar de Google Glass, las “gafas” de realidad aumentada que el gigante informático planea comercializar en 2014. Se han dicho muchas cosas acerca de las implicaciones de su uso, sobre todo a nivel de privacidad. Incluso un bar en Seattle, seguramente más con fines publicitarios que otra cosa,  ha prohibido su utilización en su interior.

No voy a ahondar aquí más en el mismo tema, pero si me gustaría darle un enfoque un poco diferente y explicar por qué, en mi opinión, van a ser un éxito.

Mira a tu alrededor. Observa como todos pasamos más y más tiempo cada día consultando información en pantallas: ordenadores, teléfonos móviles, televisores, paneles informativos… La mayor parte de esa información proviene de un lugar común, Internet. En muy poco tiempo nos hemos acostumbrado a estar siempre conectados, a tener toda la información disponible y la tendencia va en aumento.

Ahora voy a cambiar aparentemente de tema por completo.
Siempre se ha simplificado el concepto de evolución como el de “supervivencia del más fuerte”. En realidad, son las características que permiten estar mejor adaptado al medio en el que se vive, las que otorgan mayores oportunidades de subsistir y, por ende, reproducirse. Aumentando así la probabilidad de transmitir esas características, almacenadas genéticamente, a la descendencia y que por tanto se perpetuen en el tiempo.

Pero nada dura eternamente y ese “medio en el que se vive” cambia constantemente y es por eso que mientras unas especies se extinguen, por no estar adaptadas a los cambios en su entorno, otras nuevas aparecen, mejor adaptadas y capaces de sacar provecho a la nueva situación ambiental. No hay más. Así funciona la evolución en términos generales.

Hoy por hoy nuestro medio cambia a una velocidad vertiginosa. Y no me refiero al cambio climático o la devastación de los ecosistemas naturales, que también. Me refiero al medio en que vivimos nosotros, los seres humanos. Un medio totalmente artificial, con todo tipo de adelantos tecnológicos y científicos que se suceden a un ritmo creciente.

Sin embargo, nuestro cuerpo, y nuestro cerebro también, son básicamente los mismos que hace 40.000 años.

Tenemos el cerebro de un cromagnon, una organización social medieval y una tecnología de dioses.

Esta frase no es mía, pero refleja perfectamente donde quiero ir a parar. Nuestra capacidad de adaptación a estos cambios, en terminos biológicos, en el aspecto púramente genético, es nula. No hay tiempo. La selección natural no actúa a la velocidad requerida.

Pero no nos equivoquemos, hemos seguido adaptándonos, la evolución continúa, sólo que por otros derroteros. La cultura, la transmisión de la información a través de la escritura, los descubrimientos científicos, los avances tecnológicos… no son más que adaptaciones evolutivas. Prolongaciones de nuestro propio cuerpo en ocasiones, cuando utilizamos herramientas, desde un martillo hasta un coche, o de nuestro cerebro, cuando consultamos información almacenada externamente: libros, películas, internet…

Todas estas adaptaciones siguen teniendo el mismo objetivo: estar mejor adaptados al medio en que vivimos. Mejorando así nuestras posibilidades de supervivencia de manera individual y como especie.

Y en este punto es cuando vuelvo a Google Glass. Este nuevo gadget tecnológico no es más que un intento más de ampliar nuestras posibilidades de manejo de información. Es literalmente, una interfaz, un sistema de comunicación mejor entre nuestro cerebro y el que es en realidad una extensión del mismo, Internet.

A medida que la información disponible crece, se nos hace más difícil y al mismo tiempo necesario manejarla. Mirar pantallas, al igual que pasó con las enciclopedias en papel, empieza a no ser suficientemente eficiente. Google Glass, con su sistema de relidad aumentada, pone delante de nosotros la información, hagamos lo que hagamos, miremos donde miremos. Ayudándonos al mismo tiempo a buscarla, encontrarla y transmitir aquella que nosotros generemos. Y eso es, claramente, una ventaja adaptativa para quien las utilice.

Asuntos como la privacidad, pasan a ser temas menores y serán los usos sociales y lo que consideramos privado, lo que terminará seguramente cambiando. Y esto, no es más que otro paso en nuestro camino.

Y tu, ¿evolucionas?.

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Sobre mi:

Socio cofundador de SinLios.com. Biólogo, profesor, programador, blogger y apasionado de la ciencia, la tecnología y el ejercicio físico. Escéptico y humanista, me encanta la fotografía, disfruto la música medieval y soy feliz en la naturaleza. :: Perfil en Puro Marketing :: Perfil en LinkedIn :: YouTube Vídeo

2 Comments
  1. Totalmente de acuerdo, aunque yo veo tal vez un poco más allá en este proceso evolutivo del que hablas. Trascender de lo táctil en favor de la información directa hacia nuestros ojos dejándonos libres las manos. Un gran salto.

  2. Miriam

    Todo lo desconocido al principio impone y asusta, el tiempo demostrará que todos aquellos que supieron vencer ese miedo y se “empaparon” de conocimiento por esas nuevas herramientas tecnológicas, serán los que “sobrevivan”. Ahora toca enfrentarnos a nuestros miedos…

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