Economía del bien común.

A los seres humanos nos encanta adquirir costumbres. Nos resulta fácil y placentero comportarnos de una determinada y a menudo estereotipada manera, aceptar patrones culturales y sociales asumiéndolos incluso como parte de nuestra propia identidad.
Estamos tan habituados a ello, que nos resulta incluso complicado percatarnos de hasta que punto es así.
Existe un conocido experimento, muy popular en Internet, el cual ilustra esto a la perfección:

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El experimento de los monos y los plátanos.

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Cinco monos fueron encerrados en una jaula, en cuyo interior había una estrecha escalera y sobre ella un montón de apetitosos plátanos. Cada vez que uno de los monos ascendía a por los plátanos, los científicos lanzaban un desagradable chorro de agua helada sobre los que quedaban en el suelo.

Con la repetición, los monos asociaron ambos sucesos, de tal manera que cuando uno de ellos trataba de subir por la escalera, el resto lo agredía con violencia para evitar que subiera y así no recibir los demás el chorro de agua fría.

Al poco tiempo, pese a la tentación de los plátanos, ningún mono se atrevía a subir por la escalera. Fue entonces cuando los científicos sustituyeron a uno de los monos por otro nuevo.

Lo primero que hizo el mono novato, nada más ver los plátanos sobre la escalera, fue subir por ella. Los otros, inmediatamente, le cogieron y le pegaron antes de que recibieran la ducha helada. Tras algunas palizas, el nuevo no volvió más a subir por la escalera. Un segundo mono fue sustituido, y sucedió lo mismo con el que entró en su lugar.
El primer sustituto participó con especial entusiasmo en la paliza al nuevo.

Lo mismo se hizo con el tercero, el cuarto y finalmente el quinto. De modo que todos los monos originales habían sido sustituidos por otros nuevos.

Así quedó un grupo de cinco monos que, a pesar de no haber recibido nunca ninguno de ellos una ducha de agua fría, continuaban agrediendo a aquél que intentaba llegar hasta los plátanos.
Si hubiera sido posible preguntar a alguno de ellos la razón por que trataban con tanta violencia al que subía por la escalera, la respuesta habría sido seguramente:

“No sé. Aquí, las cosas siempre se han hecho así”

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Esta historia suele utilizarse en los entornos empresariales para realizar una comparación directa con determinados proyectos o departamentos y tratar así de repensar y optimizar los procesos de trabajo. Tratando de apartar los prejuicios, normas y planteamientos previos para conseguir una mayor eficiencia y ser más competitivos.

A mi me gusta ir un paso más allá y darle una vuelta de tuerca. ¿Ser más competitivos?. ¿El único objeto de la eficiencia es la competitividad?. ¿Acaso no es eso también un prejuicio?.

Nos encontramos inmersos en un periodo de crisis económica que provoca sufrimiento real y directo a muchas personas. Evidentemente algo no se está haciendo bien. Conocemos desde hace tiempo lo insostenible de nuestra economía. Basar la estabilidad en un crecimiento económico continuo y por tanto exponencial es simplemente imposible. Competir en un mundo globalizado significa que si uno gana, otro pierde. Si uno se beneficia, otro se perjudica. Cuando uno acumula riqueza, otro se empobrece.

Cuando uno es el ganador habitual el asunto no nos preocupa demasiado, pero, ¿y cuando pierdo?. ¿Y cuando los que pierden son la mayoría?. ¿Y cuando perdemos TODOS?.

Si, estoy convencido de que en un mundo basado en la competitividad perdemos todos. Trabajar más, producir más, consumir más, agota los recursos naturales y lleva las sociedades a ser egoístas, desequilibradas e infelices en su conjunto.

Cuando algo no es sostenible, significa que tiene fecha de caducidad. Que terminará tarde o temprano.

Y el modo en que esto  ocurra es importante: puede ser en forma de una suave transición a otro modelo como por ejemplo la economía del bien común, o como una ruptura del sistema hacia un periodo de incertidumbre. De esto hay muchos ejemplos a lo largo de la historia.

¿Nos comportaremos como los monos del experimento hasta prácticamente morir de hambre? ¿O seremos capaces de cooperar y repartir los plátanos entre todos, aunque suponga que de cuando en cuando me tocará mojarme o  no comérmelos yo todos?.

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Economía del bien común.

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5 Comentarios

  • Raúl

    No puedo sino estar totalmente de acuerdo con la crítica socioeconómica que has realizado, previo a la presentación de la teoría de la economía del bien común, muy interesante por otra parte.

    Ha transportado mi mente a otras teorías, modelos, socioeconómicos alternativos propuestos, como son el cooperativismo o el distributismo (http://es.wikipedia.org/wiki/Distributismo) de G.K. Chesterton et al.

    ¿Utopías (ver del mismo modo la obra homónima de Tomás Moro?

    Un saludo.

    • Luis Hernández

      Yo no creo que sean necesariamente utopías Raúl.
      Yo creo que el quid está simplemente en cambiar la cultura: del competitivo individualismo a la cooperación colectiva.
      Muchas culturas a lo largo de la historia lo han hecho, si bien el reto es conseguirlo a gran escala.
      En todo caso tengo mucha esperanza en la capacidad de adaptación del ser humano. Como ya he comentado, cuando algo no es sostenible, simplemente no puede perdurar.
      Un saludo y muchas gracias por tu comentario!! 🙂

  • Raúl

    Bueno, yo tampoco creo que sean utopías…. como veis era una pregunta retórica.

    Quisiera remarcar que las utopías empiezan por cambiarse uno mismo. En este caso, seguir los valores predicados por el economista utópico del video, y aplicarlos en tu entorno familiar y más cercano…. para empezar. Pensar en el bien común familiar, en el bien común de tu entorno laboral…..

  • Carlos Morales de Setien

    No solo comparto la inciativa de cambio que propone el Dr. Cristian. No es una utopía, Faltan proyectos que se ajusten a este sistema.Según se difunda conseguirá más partidarios.

    • Luis Hernández

      Coincido contigo Carlos. A mi me parece una alternativa perfectamente factible, aunque requiere una adaptación de la sociedad. Desde aquí aporto mi granito de arena a su difusión.
      Muchas gracias por tu comentario.

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