La caverna digital

En una de las alegorías más famosas de la filosofía, conocida como el mito de la caverna, Platón describía como nuestra percepción de la realidad está limitada por nuestros sentidos:

Unos prisioneros, encadenados desde niños en el interior de una cueva, eran obligados por su inmovilidad a no poder ver más que el muro que tenían frente a ellos. En este muro se proyectaban sombras que, para estos desdichados, eran todo lo que podían percibir como realidad.

Continuaba Platón narrando como uno de ellos conseguía liberarse y llegar al exterior de la caverna. Allí tenía acceso a toda una nueva experiencia sensorial: árboles, montañas, cielo, estrellas… cosas que antes no hubiera sido capaz de imaginar.

Lo cierto es que estamos mucho más limitados de lo que creemos para percatarnos y entender la complejidad del entorno en que vivimos. Cada uno de nosotros construimos un mundo personal que nos permite desenvolvernos e interrelacionarnos con todo lo que nos rodea.

Como decía el poeta Paul Éluard, «hay otros mundos, pero están en este«.

Todo esto me viene a la cabeza al reflexionar sobre la enorme complejidad y la increíble velocidad con que evoluciona el mundo tecnológico en que nos ha tocado vivir. No me cabe duda, que a día de hoy, absolutamente nadie comprende realmente como funciona, por ejemplo, Internet. No me refiero a sus protocolos o funcionamiento básico, sino a todas esas propiedades emergentes que surgen de un sistema tan complejo en su conjunto, tan dinámico y tan profundamente conectado.

Así, nuestra particular caverna digital, se me antoja como una cueva oscura en la que avanzamos hacia el futuro con pequeñas linternas que apenas nos permiten iluminar el siguiente paso. Donde algunos «expertos» cuentan con algo más de luz y otros, la mayoría, andan completamente a ciegas confiados tras los que aseguran poder ver a donde van.

En su inquietante charla llamada «Internet podría estallar, Necesitamos un plan B»  Danny Hillis nos habla de como hemos ido dando un uso a Internet para el que no estaba diseñado en un principio, y lo que ello supone para nuestra sociedad tan tecnológicamente dependiente.


 

Pero no me gustaría terminar este post con un aire tan aparentemente lúgubre.

Desde una perspectiva científica, desde la particular visión que la biología nos aporta y más concretamente desde la teoría de la evolución, sabemos que ninguno de los seres vivos que vemos a nuestro alrededor fue «diseñado» tal y como es. Heredan y adaptan estructuras mediante mecanismos de selección, para adoptar nuevas funciones: brazos que terminan siendo alas en los murciélagos, o aletas en los delfines. Branquias que se transforman en pulmones, escamas en plumas… los ejemplos son casi infinitos.

Y la vida sigue, sin un «plan b», haciendo frente a extinciones, cambios climáticos y catástrofes. Abriéndose paso.

¿Acaso la tecnología no está sujeta a las mismas leyes de la evolución?. Y tu, ¿qué opinas?.

3 Comments

  • Maria Hortelano

    Como siempre Luis, tu post se me antoja claro y útil narrado de esa singular forma en la que haces que todo lo aparentemente complejo resulte diáfano y sencillo en su comprensión para aquellas personas, como yo, profanas en esta materia. Vamos… que escribes bien y lo explicas mejor… ya sabes SinLios.

    • Luis Hernández

      Jajaja, gracias Mary. Aunque sospecho que ni eres tan profana ni tan imparcial en tus comentarios. Un beso.

      • Maria Hortelano

        Presumo que este no es foro apropiado para resolver nuestra diferencia de opinión a este respecto. 😉

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Abrir chat
1
¿Necesitas nuestros servicios?
Hola, ¿podemos ayudarte?