10 pistas para ser un profesor excelente

La educación es una de las piedras angulares de cualquier sociedad. La óptima transmisión de conocimientos fomenta el desarrollo tecnológico, social y económico más que ningún otro factor.

En el ámbito de la formación, como en muchos otros, vivimos una época de intensos cambios que imponen una fuerte adaptación en el modo en que ésta se ha venido desarrollando tradicionalmente.

Fruto de mi ya larga experiencia como profesor, formador y a veces también educador, con grupos muy diferentes y de todas las edades, surgen estas reflexiones sobre cómo realizar una formación eficiente y que comparto a modo de breves consejos pensando, sobre todo, en quienes estéis comenzando en el mundo de la enseñanza.

Aquí van mis 10 pistas para ser un profesor excelente:

1 No pretendas que lo memoricen todo.

Hasta hace muy poco, sólo teníamos acceso verdaderamente rápido a los datos almacenados en nuestra memoria. Los libros eran un apoyo para casos puntuales y estaban necesariamente muy limitados. Pero hoy podemos considerar Internet como una verdadera extensión de nuestros cerebros donde poder encontrar prácticamente cualquier dato imaginable en muy poco tiempo. La tecnología, desde la una simple palanca hasta los más modernos avances, multiplica nuestras capacidades. Acciones como prohibir el uso de smartwatchs para evitar hacer trampas en los exámenes es posiblemente absurdo. Además, los datos a los que necesitamos recurrir frecuentemente, quedarán memorizados igualmente de manera completamente natural.

2 Enfócate en que comprendan y sepan aplicar lo aprendido.

Entender los conceptos, procesos y relaciones, así como emplearlos adecuadamente para resolver problemas y aplicarlos en la práctica, resulta una definición mucho más acertada del aprendizaje. Conseguir esto en nuestros alumnos requiere, eso si,  esfuerzo y utilizar las estrategias adecuadas.

3 Aprender debe ser divertido y enseñar, también.

Esto es fundamental. Divertido, entretenido, apasionante… es la forma en que definimos algo que nos resulta interesante y nos atrae. Nos motiva y con ello, lo que de otra manera supondría un gran esfuerzo, se asimila de manera natural. Contrariamente a lo que pudiera pensarse, el interés que despierta una determinada información no depende tanto de la materia en sí, como del modo en que esta se presenta ante los alumnos.

4 La enseñanza es un proceso interactivo.

Si estructuras una clase en su forma tradicional como un largo discurso seguido de un espacio de preguntas al finalizar, casi con total seguridad irás perdiendo la atención a medida que se alargue tu oratoria y, al terminar, las preguntas serán escasas.
Cuando explicamos algo no estamos haciendo una demostración de cuanto sabemos sobre el tema en cuestión. Estamos intentando ayudar a su comprensión, a su aprendizaje, y ello requiere de diversas estrategias siendo una de las principales la interactividad: comunícate con tus alumnos en todo momento. Haz preguntas constantemente, pero no sobre lo que has dicho, sino sobre lo que vas a decir. Deja que hagan suposiciones, dales pistas y convierte en un pequeño acertijo el paso siguiente. Anímales a participar con idenpendencia de que acierten o no: ¡Se aprende tanto de los errores!. Haz preguntas fáciles para quienes necesitan coger confianza y algo más difíciles para los que disfrutan con los retos, no dejes a nadie fuera. Pronto el interés y las preguntas surgirán de manera espontánea.

5 Primero plantea el problema, después la solución.

Si primero explicas y luego planteas problemas y ejercicios para afianzar la información, prueba a hacerlo al revés. Intenta poner a lo alumnos en situación para que entiendan y se motiven primero con la necesidad y el interés de aquello que van a aprender. Ponles ante una situación que puedan “casi” resolver, pero donde sea necesaria la información que quieres hacerles llegar. Si sienten que “la necesitan” la absorberán como esponjas. Cuanto más cercanos a sus intereses sean los problemas, tanto mayor será la motivación que conseguirás.

6 Transmite emoción en lo que dices.

Las emociones se contagian y se pueden evocar con asombrosa facilidad en una clase. Si les dices que lo que vas a contar a continuación es divertido, les resultará más divertido que si no les adelantas nada. ¿No me crees? ¡pruébalo!. Si hablas con pasión y utilizas adjetivos como “alucinante”, “sorprendente”, “asombroso”… conseguirás mantener su atención incluso cuando la materia se hace más dura. Gesticula, enfatiza y juega con la entonación de tu voz. Un buen profesor debe ser un buen comunicador.

7 Utiliza todos los recursos a tu alcance.

Mantener las cabezas de tus alumnos despiertas y atentas no es tarea fácil. Cada cual tiene sus propias estrategias de aprendizaje y lo que a uno le parece absolutamente revelador, para otro puede resultar confuso. Es normal tener que explicar lo mismo varias veces, pero nunca de la misma manera. Imágenes, animaciones, juegos, problemas, vídeos, maquetas, experimentos… cuantos más flancos ataques, mayor la probabilidad de éxito. La imaginación será tu la mejor aliada.

8 Conoce a tus alumnos.

Adaptar la información a los conocimientos de tus alumnos es una de las tareas más importantes de un profesor. Si lo que cuentas es algo que ya conocen sobradamente, se aburrirán. Si por el contrario no eres capaz de enlazar con lo que ya saben, se perderán y no entenderán nada. Cada grupo tiene su ritmo y su forma de aprender y nosotros tenemos que saber sincronizarnos con ellos.

9 Déjales interactuar.

Es importante darles tiempo para que interactúen entre ellos e intercambien impresiones. Propón actividades que faciliten la comunicación y dinamiza los grupos que se formen interesándote por el progreso y la organización en cada uno de ellos.

10 Cultiva la autoestima de tus alumnos

Una de las cosas más sorprendentes que descubres en la enseñanza es que la principal limitación de la mayoría de las personas al aprendizaje de algo nuevo es el convencimiento de no ser capaz de entenderlo. Cuando esto sucede el bloqueo puede llegar a ser total. Si se han convencido de que es demasiado difícil, entonces, para ellos, lo será. Por ello es importantantísimo que el profesor les convenza de lo contrario. Y esto es algo que sucede a cuaquier edad.

¿Qué te han parecido mis 10 pistas para ser un profesor excelente?. ¿Quieres añadir alguna otra?. Sientete libre de escribir en el hilo de comentarios cuanto quieras compartir 🙂
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